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¿Te han diagnosticado anemia?

Junto con el tratamiento médico, el tratamiento de la anemia es esencial para prevenir déficit futuros y mejorar el tratamiento.


Anemia: Definición y tipos

La palabra anemia proviene del griego antiguo «ἀναιμία», que significa «sin sangre». La definición biomédica de la anemia hace referencia a una reducción en la concentración de hemoglobina (Hb) en sangre o bien una capacidad reducida de la Hb para unirse al oxígeno. En términos clínicos, la anemia se diagnostica cuando la concentración de Hb es insuficiente para satisfacer las necesidades de oxígeno de los tejidos, y para su determinación existen puntos de corte establecidos por la OMS que difieren en grupos de edad y entre hombres y mujeres.



Los pacientes con anemia pueden presentar fatiga, mareos y disnea, aunque las personas con anemia leve muestran pocos signos o síntomas clínicos. Los signos de anemia incluyen palidez de la conjuntiva, cara y lechos ungueales, aunque la ausencia de palidez no descarta la anemia.

La clasificación de las anemias se puede hacer desde varios puntos de vista diferentes:

  • En función del tamaño eritrocitario

  • En función de su contenido de hemoglobina

En cuanto a la etiología (causa) de las anemias, la mayoría tienen su origen en un déficit de los nutrientes necesarios para la síntesis del hematíe (hierro, vitamina B12 y ácido fólico). No obstante, también existen otros factores que influyen en la aparición de la anemia:

  • Hemorragia

  • Alteraciones genéticas

  • Enfermedades crónicas

  • Enfermedades medicamentosas

Anemias por deficiencias nutricionales

Las deficiencias nutricionales son la causa más importante de las anemias en la población general, siendo la anemia ferropénica la más prevalente, seguida de las anemias megaloblásticas debidas a las deficiencias en vitamina B12 y folatos.


Tratamiento y prevención

Para adecuar el tratamiento de la deficiencia de hierro es necesario conocer y tratar la causa

desencadenante y aportar la cantidad de hierro necesaria para corregir la anemia y reponer los depósitos. Es importante tener en cuenta las recomendaciones para cada grupo de sexo y edad.

El tratamiento médico principal consiste en la administración de hierro elemental, que puede presentarse en forma de diferentes sales (sulfato, lactato, gluconato o fumarato) o hierro sacarosa. Actualmente la sal más empleada es el sulfato ferroso.

El hierro puede ser administrado por vía oral o parenteral.


En cuanto a la terapia nutricional, algunas pautas esenciales son (en ausencia de obesidad o sobrepeso) evitar las dietas hipocalóricas y no restringir el consumo de alimentos que contengan hierro hemo de alta biodisponibilidad (es decir, que se absorbe con más facilidad) que son alimentos de origen animal como el huevo, hígado, mejillones, carne roja, etc., incluir sustancias que mejoran su absorción como ácido ascórbico (vitamina C), y reducir inhibidores como fitatos, polifenoles, oxalatos contenidos en algunos alimentos vegetales.

En condiciones normales se absorbe un 10-15 % del hierro dietético.

ACTIVADORES DE ABSORCIÓN

INHIBIDORES DE ABSORCIÓN

Proteínas animales, Vitamina C, azúcares como el sorbitol y la fructosa. Ácidos cítrico, láctico o málico.

​Taninos procedentes del café, té o vino. Oxalatos de las espinacas, chocolate o té. Los fitatos de los cereales y las legumbres. Cierto exceso de minerales como calcio, fósforo, cinc, cobalto, cadmio, manganeso y plomo.

Si te han diagnosticado anemia o ya estás en tratamiento médico, es importante apoyar tu salud con tratamiento dietético.


Gloria Lorenzo

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